De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

viernes, 5 de abril de 2013

Testimonio del nuevo acólito, Leonardo Vernazza.

Con motivo de la institución de Leonardo Vernazza como acólito, ofrecemos un testimonio publicado en el quincenario Entre Todos con motivo de su admisión a las Sagradas Órdenes, con algunos datos actualizados en cuanto a su pastoral. Compartimos el video del rito de institución del acólito.



Testimonio.

Fui bautizado a los tres años. Crecí en la fe gracias al testimonio de mi madre que a los ocho años me enseñó a rezar. Como buenos uruguayos dejamos la Comunión para después, y así llegué a la adolescencia, donde me surgió una fuerte búsqueda religiosa. Siempre me sentí vinculado a la Iglesia de alguna forma. A los quince acompañé a mis abuelos al cerro del Verdún, y allí me sentí llamado a recibir la comunión, para lo cual me anoté en la catequesis de la parroquia Santa Rita de Maroñas, y recibí mi primera comunión en Navidad de ese mismo año. A la semana empecé a ayudar como acólito; al mes, a leer en la Misa; a los tres meses, a ayudar en la catequesis. A los dieciocho, empecé a trabajar como animador de Infancia Misionera, obra en la que descubrí y desarrollé talentos que no sabía que tenía, y participando del Equipo Nacional de esta misma obra, tuve la oportunidad de recorrer el país, y participar de varios congresos misioneros. Al salir del liceo, estuve dos años en la Facultad de Ingeniería, pero no era lo mío. Un día me pregunté de qué quería trabajar cuando fuese mayor, y se me vino la imagen de mi labor como animador y catequista de niños. Así, luego de pensarlo bastante, decidí estudiar Magisterio, y a los veintidós ya estaba recibido. Al año siguiente, las Hijas de la Natividad de María me ofrecieron comenzar a trabajar como maestro en Obra Banneux. Allí trabajé cuatro años a nivel curricular y pastoral, aprendí a ser maestro, y crecí mucho como persona; me sentí realizado. Es una experiencia que guardo como referencia obligada de mi quehacer pastoral y de mi estudio de la teología. 
Pero desde los quince sentía la inquietud sacerdotal. Decidí en ese entonces “tomarme un tiempo” (fueron once años de discernimiento), estudiar y trabajar, para ver si la vocación era en serio. En mi mejor año como maestro y animador, luego de ser acompañado por el Pbro. Basilio Ivanov, y luego por el entonces Pbro. Milton Tróccoli, decidí dar el salto, dejar todo y responder al  llamado que el Señor me había regalado. 

Como maestro en el 2004.

Han pasado siete años. Al principio fue duro. No se deja una vida como la que tenía sin sentir que se te mueve todo. Pero desde el principio, gracias al acompañamiento de los formadores, aprendí a fortalecer mi  respuesta vocacional, que cada año cuestioné, y siempre la respuesta fue “sí, quiero ser sacerdote”. Pastoralmente viví una experiencia conmovedora en el Cottolengo, estuve dos años en la parroquia Sagrada Familia de La Teja, dos años en San Pedro de Buceo, y éstos últimos dos en San Juan Bautista de Pocitos. También me he enriquecido con la participación en el equipo arquidiocesano de Pastoral Vocacional. De todas estas experiencias aprendí a agrandar el corazón y llenarlo de personas.
Doy gracias a Dios por el don de la vocación, y le pido que nos regale a todos descubrirla, nos ayude a responderle y a amarlo cada vez más en nuestros hermanos.

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