De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

lunes, 15 de abril de 2013

HOMILÍA DEL NUNCIO A LOS SEMINARISTAS

A continuación compartimos con ustedes la homilía que nos dirigió el Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Anselmo Guido Pecorari, el pasado lunes 8 de abril, cuando vino a celebrar con nosotros la Fiesta de la Anunciación:

HOMILÍA PARA LA FIESTA DE LA ANUNCIACIÓN
Seminario Interdiocesano "Cristo Rey"
8 de abril de 2013

Apreciado Mons. Milton Troccoli y sacerdotes formadores, muy queridos Seminaristas: es para mí una gran alegría celebrar hoy con ustedes esta Eucaristía, un encuentro de amistad en torno al Señor Resucitado y a su Madre Inmaculada, que es también la nuestra. Lo hacemos en esta casa de convivencia en la comunión, de formación cristiana y verificación vocacional, de preparación al don del encuentro con Dios en Cristo Sacerdote, a la luz y bajo la sombra del Espíritu. 
Este don del orden sagrado es un encuentro interpersonal que transforma en lo más íntimo a la persona: es un don específico de gracia del Señor. En este contexto, el Seminario debe ser como una familia, una pequeña casa de Nazaret, aquella casa donde el Ángel, en nombre de Dios, ha llevado a María Santísima un anuncio y una noticia.

a) Ante todo, un anuncio. El Ángel ha dicho a María: Tú eres
bendita entre todas las mujeres, porque el Señor está contigo y estás llena
de gracia. Esto significa que Dios ha sido benévolo contigo y te ha
justificado. Sabemos que la Virgen ha nacido sin pecado original y no ha
cometido ningún pecado personal. Pero la grandeza de María  se debe al
hecho de que ha sido elegida por Dios Padre como Madre de Su Hijo, del
Verbo eterno hecho hombre para nuestra salvación.

b) Y luego, la noticia más sorprendente en toda la historia de la
humanidad: De ti nacerá el Mesías esperado, el Salvador del mundo. Pero
este gozoso mensaje pasa por una pregunta muy comprometedora, cuya
respuesta exige toda la grandeza de la Fe. El Ángel pregunta a la Virgen si
está dispuesta a aceptar el proyecto de Dios para su vida, la responsabilidad
trascendente que Dios le está pidiendo. - Porque sabemos bien que Dios
jamás nos impone nada, sino que respeta la elección de nuestra libertad
cuando nos propone un camino de santidad -.

La respuesta de la Virgen al anuncio y a la pregunta divina que el Ángel le transmite ha sido un SÍ pleno, impulsado por su Fe e iluminado por su razón. En efecto, la Virgen, antes de dar su respuesta, le ha hecho preguntas al Ángel y ha meditado acerca de lo que este le había transmitido. Ha dicho: ¿Cómo puede ser esto posible si no tengo relación con ningún hombre? y el Ángel le ha respondido: el Espíritu de Dios descenderá sobre ti... Nada es imposible para Dios. Y la Virgen ha dicho: ¡Que se haga su Voluntad!

Con su fe y con su razón, la Santísima Virgen se ha confiado totalmente a Dios. Cada vez que decimos a Dios que sí, también nosotros, como Ella, aun meditando y razonando, tenemos que arriesgarnos, con un salto de fe, hacia Dios, que es misterio de amor.
La Virgen ha podido dar este salto fundada en su fe, iluminada por la razón, porque se había preparado desde hacía mucho tiempo, cultivando una profunda humanidad y preparándose para su misión, con una vida religiosa y de fe total, basada en las Sagradas Escrituras y abierta al designio de salvación que Dios había proyectado desde los orígenes del mundo.

Ustedes, Seminaristas, están llamados a vivir en este Seminario como en la casa de Nazaret, haciendo de los años del Seminario: un tiempo de formación humana y cristiana; una oportunidad de conocer racionalmente y de penetrar espiritualmente en lo más profundo del misterio de la salvación; viviendo una íntima relación con Dios, que es misterio de amor; estableciendo vínculos interpersonales entre ustedes, que viven en el mismo hogar; rezando en forma personal y comunitaria; abriéndose con sensibilidad al mundo, a todos los hermanos, sobre todo a los más necesitados material y espiritualmente, y, en particular, a los más pobres.

Queridos Seminaristas: utilicen el tiempo del Seminario para verificar la calidad humana de sus propias personas, la sinceridad de su fe, 
la autenticidad de su vocación. Háganlo en modo responsable, con la ayuda de sus Superiores y Directores espirituales.

Queridos Seminaristas: si el Señor los llama realmente al sacerdocio, obren de tal manera que su respuesta sea un sí generoso, total, dado con espíritu de sacrificio y al mismo tiempo con total alegría. El Señor los ama en forma muy especial.

Queridos Seminaristas: prepárense a llevar a Cristo al mundo, en particular a la sociedad uruguaya, colaborando de este modo con la Obra de Salvación llevada adelante por Jesús mismo, Sumo y Eterno Sacerdote y Buen Pastor Resucitado. Prepárense para anunciar el Evangelio, que es un mensaje de amor, de fe y de esperanza. Estén dispuestos a compartir entre ustedes los dones que han recibido del Señor, para poder después compartirlos con las mujeres y los hombres a los que serán enviados. Su vida en el Seminario es un privilegio y una responsabilidad.

Queridos Seminaristas: den gracias cada día al Señor por los dones que han recibido.

Hoy estoy entre ustedes como Arzobispo y como Nuncio. Como Arzobispo, tengo la plenitud del sacerdocio y deseo ayudarlos a caminar hacia el Orden Sagrado, si es Voluntad del Señor que accedan a él. La palabra Nuncio significa aquel que lleva un anuncio. El Ángel ha llevado un anuncio a la Virgen María. Les pido que nieguen por mí, para que yo pueda llevar siempre, en nombre del Santo Padre Francisco, el anuncio de Cristo, hoy en Uruguay, y en el futuro, allí donde él me destine. Mi responsabilidad es grande, porque, en colaboración con el Santo Padre, debo garantizar la ortodoxia de la fe, debo favorecer la comunión en el interior de la Iglesia Católica del Uruguay, debo ser instrumento de bien, de justicia y de paz en esta nación en la que, por gracias de Dios, me encuentro ahora.

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