Google+ Seminario Mayor Interdiocesano Cristo Rey: mayo 2010

De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Poema a los sacerdotes.

Compartimos la siguiente presentación enviada por una amiga desde España, con un poema sobre el Año Sacerdotal.

martes, 18 de mayo de 2010

Testimonios sacerdotales en el cierre del Año Sacerdotal.



Los siguientes testimonios los tomamos de la publicación del Diario "El Observador" del 14/5/2010.


Mario Hernández,

Párroco de la Catedral de San José.



A los 81 años, con 55 años y siete meses de sacerdote, Mario Hernández sigue estudiando y no pierde el contacto con la gente. Aunque siempre dijo que a los 75 se retiraría, se transformó en el párroco de la catedral de San José.

Nació y creció en una familia cristiana de 11 hermanos. Cuando era monaguillo en una parroquia de Canelones junto a dos amigos, el párroco los invitó a ser sacerdotes. “Los tres dijimos que sí, sin mucho conocimiento de lo que hacíamos”.

Entró al seminario en 1942 y se dedicó al estudio “como si fuera lo más grande” que tenía que hacer. “Quedé casi estresado como Mujica”, bromeó. Al terminar los estudios de filosofía tuvo que descansar un año antes de entrar en teología. A fines de 1956 comenzó una nueva diócesis en San José y el obispo lo llamó para ser su secretario.

En su vida no faltaron las crisis. En una época en que en Europa había muchos curas, el obispo de San José trajo 10 sacerdotes de España y a tres belgas.

La presencia de los extranjeros provocó algunos problemas con los “criollos”, al punto que enviaron una carta poniendo de manifiesto sus discrepancias.

El problema no terminó bien y 10 sacerdotes extranjeros abandonaron el ministerio. “A mí eso no me tiró abajo. Ningún golpe me aplastó del todo. Siempre encontré sacerdotes ejemplares cuyo ejemplo pesó más en mí”, aseguró.

El ministerio sacerdotal lo llevó por caminos variados: estuvo en el seminario de Toledo, a los 24 años fue nombrado párroco de Rodríguez y Capurro, en San José, donde tenía que atender 16 capillas. En la década de 1980 formó parte de los cursillos de cristiandad y en los últimos años se dedicó a estudiar sobre el papel de los laicos en la Iglesia.

Lo que más recuerda de la época de párroco fue que pudo poner “en práctica la teoría”. Sobre todo cuando llegaban a su parroquia enfermos mentales de la Colonia Etchepare. “¿Acaso no eran los pobres de los que habla el Evangelio?”, se dijo a sí mismo.

Un día uno de ellos, en el momento de la oración, pidió en voz alta para dejar de fumar pero poco después se acercó al altar y le dijo al padre Mario: “Quiero fumar ahora”. Él le explicó que estaban en misa y que luego le daba tabaco, pero insistió en que debía ser “ahora”, por lo que interrumpió la celebración y fue a buscarle tabaco. “Como si fuera parte de la liturgia le encendí el cigarrillo y seguí con la misa”.

Hoy dedica parte de su tiempo a visitar enfermos y a hacer lo que siempre hizo. “Hacer una Iglesia presente en el mundo”, dijo.


Guillermo Porras,

Párroco de San Pedro en el Buceo.




Hasta los 17 años Guillermo Porras no era creyente como tampoco lo son –hasta hoy– sus dos hermanos. Mientras cursaba bachillerato en el liceo Zorrilla comenzó a replantearse el sentido de su existencia. Empezó a ir a la iglesia con sus padres que sí son creyentes. “No lo vivía con pasión. Pero Dios me hizo reencontrarme. Descubrí que Dios estaba adentro de mí y yo lo buscaba afuera”, contó.

Vivía cerca de los Talleres de Don Bosco y se acercó allí. Le transmitió su inquietud al padre Enrique Somma y aunque pensó que lo iba a mandar al seminario le recomendó integrarse a un grupo de jóvenes.

“Un día llegué a mi casa y tiré la bomba: quiero ser sacerdote”. Su madre le recomendó que hablara con otro sacerdote, el padre Haroldo Ponce de León.

Cuando ingresó al seminario tenía solo dos años de creyente. “Descubrí un mundo fascinante que me absorbió. Descubrí a otros jóvenes que estaban en la misma que yo, con las ganas de servir al Señor”, recordó.

“Venía de cero. No conocía a nadie que pasara por eso”, agregó. Lo que comenzó como una prueba se transformó en lo definitivo.

En estos 17 años aprendió que ser cura “es estar cerca de la gente, del que sufre, saber transmitir la fe y la alegría. ¿Cómo se le va a ocurrir a un muchacho ser sacerdote si solo ve personas cansadas o preocupadas? Tenemos que ser curas que disfrutamos el ministerio sacerdotal”, reflexionó.

Intenta que su vida refleje que es una persona alegre y “convencida de que el Evangelio es el mejor programa de vida”. Dijo que procura como el cura de Ars asumir el dolor de la gente como propio. Una vez fue al hospital a atender a un enfermo que lo rechazó. Pero no se fue. “Luego de sacar su bronca, quiso confesarse y me agradeció”.


Daniel Sturla sdb,

Provincial de los Salesianos.



En el hogar de los Sturla el devoto era el padre mientras que la madre venía de una familia de trazos anticlericales. De su padre aprendió a “poner a Dios primero y el amor a la Iglesia” y le quedó grabada una frase que repetía: “A los curas les falta boliche”, para reflejar la idea de que los sacerdotes no deben estar alejados de las realidades cotidianas de las personas.

A los 14 años una compañera del grupo Castores de los Jesuitas le preguntó si había leído el Evangelio. Respondió con un sí genérico, pero ella insistió. “¿Leíste todo el Evangelio?”, a lo que debió responder que no. “Entonces no sabés nada de Jesús”. Esa frase lo movió y salió corriendo a comprarse una Biblia que se devoró.

Cuando comenzó a cursar bachillerato en el liceo Juan XXIII el padre Félix Irureta le preguntó si quería ser sacerdote. Le dijo que “no gracias”, convencido de que tenía vocación “para la vida de familia, la abogacía y la historia”.

Empezó derecho e historia pero la “duda vocacional” se había instalado. Leyendo una biografía de Don Bosco, fundador de los salesianos, descubrió que ese era su camino. “Encontré la horma de mi zapato en ese amor por los jóvenes, a los pobres, a la Iglesia, a la vida sencilla, al espíritu de familia y a la Virgen María”, dijo.

Pero a partir de ese momento no todo fue color de rosa. Al tener que hacer la profesión perpetua –antes de la ordenación sacerdotal– dudó si sería capaz de entregarse a Dios para siempre. Pedí ir al psicólogo y me dijo: “No me traslade el problema a mí. La decisión es suya”, le dijo el profesional.

Guiado por la “libertad interior” se ordenó sacerdote. Poco tiempo después cuando lo nombraron encargado de disciplina y estudios de 180 pupilos de Talleres de Don Bosco entró en crisis. “No me fue bien. No logré entrar en empatía con los jóvenes”, recordó.

En medio de la angustia que le provocaba ese “fracaso” descubrió que el sacerdocio “era un regalo inmenso de Dios”.

Sturla narró una anécdota que le ayuda a vivir la castidad. “Escuché comentarios que se decían de un amigo sacerdote, y le escribí para preguntarle si era cierto. Me contestó: “No podría traicionar a Dios, pero tampoco podría traicionar a los jóvenes que han puesto su confianza en mí”.

Esa frase le quedó grabada y asegura que le impulsa a mantenerse fiel a su compromiso y a la confianza de tantos jóvenes.

Hoy, convertido en la máxima autoridad de los salesianos en Uruguay, asegura que tiene una vida plena.

A 25 años de dejar el colegio hicieron un “retiro sui géneris” con sus compañeros de generación. Cada uno contó qué había hecho en su vida. “Al mirar mi vida, la experiencia que me queda es decir qué vida más plena la mía”, concluyó.

Al mediodía se trasladaron al Santuario para la celebración de la Eucaristía que fue presidida por el Nuncio Apostólico, Mons. Anselmo Pecorari, y posteriormente, compartieron el almuerzo en el Colegio de las Hnas. Dominicas, en una de las manzanas contiguas a la iglesia.


jueves, 13 de mayo de 2010

Reflexión llegando al cierre del Año Sacerdotal.


Los seminaristas, al igual que toda la Iglesia, hemos vivido este año sacerdotal con la consigna que nos dio el Papa BenedictoXVI: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote"; y teniendo como modelo preclaro a San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars.
Somos conscientes de que día a día hemos de cuidar y crecer en la fidelidad a partir de un encuentro vivencial con Jesucristo. De nuestra fidelidad a Jesucristo depende la credibilidad del testimonio y ,en definitiva, la eficacia de la misión que se nos encomienda.
Hemos vivido un año de oración pidiendo la gracia de la fidelidad para nuestros sacerdotes. Para eso, semana a semana, durante todo el año, nos hicimos responsables de rezar por uno determinado, cuyo nombre extraíamos de un pequeño cofre al pie del altar de nuestra capilla.

Con toda la Iglesia sufrimos la triste situación de tantos sacerdotes que han fallado en los compromisos asumidos el día de su ordenación; pero al mismo tiempo, no dejamos de ver a nuestro lado a muchísimos sacerdotes, que enfrentan situaciones difíciles pero que responden con generosidad, sacrificio y renuncias, al llamado del Señor.
Cuántos son ejemplo para nosotros, por su fidelidad en el ministerio, en su vida de oración, en la búsqueda de la santidad y la entrega total a Dios, al servicio de los hermanos y hermanas, gastando sus energías y su vida con mucho amor. Ése es el testimonio que necesita nuestro mundo, nuestra Iglesia y nosotros, los seminaristas.
Solamente necesitamos el testimonio de un sacerdocio bien vivido que ennoblezca a la Iglesia, suscite la admiración del Pueblo de Dios, sea fuente de bendición para todos y se constituya en una elocuente invitación, para que oros muchos jóvenes de todas nuestras diócesis del Uruguay, respondan el llamado del Señor y vengan a compartir nuestra vida en nuestro Seminario Mayor Interdiocesano.


Un colaborador.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Visita del Serra Club Uruguay.


El pasado martes 4 de mayo nos visitaron integrantes del Serra Club, con quienes compartimos la Eucaristía y la cena.
El movimiento Serra Internacional es un movimiento de la Iglesia, constituido por fieles cristianos, que está al servicio de la pastoral de las vocaciones y de los consagrados: sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, consagrados laicos y misioneros. En 1951 fue agregado a la Obra Pontificia de las Vocaciones, y es miembro permanente en la Sagrada Congregación para la educación católica.
El Movimiento Serra procura sensibilizar a la comunidad y apoyar el fomento y cultivo de las vocaciones de especial consagración.
Su sede en Montevideo se encuentra en la calle Tacuarembó 1421, su teléfono es el 481 2826, y atiende de lunes a viernes de 15 a 18 hrs.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Ordenaciones.

El domingo 25 de abril fue ordenado sacerdote en la Catedral Metropolitana de Montevideo, Valentín Goldie, egresado de nuestro Seminario en diciembre de 2008.

Actualmente trabaja en la Parroquia San Juan Bautista de Pocitos.

También fue ordenado diácono Gabriel Palumbo, que se encuentra trabajando en la Parroquia Máter Admirábilis de Jardines del Hipódromo.


E
l sábado 24 de abril, fue ordenado sacerdote, en la Catedral de Salto, Dardo Carballo, oriundo de Bella Unión, que egresó de nuestro Seminario en diciembre de 2007.

Actualmente Dardo trabaja en la Parroquia Sagrado Corazón de Young, donde proseguirá sirviendo en su primer tiempo como sacerdote.


A los tres, les deseamos que el Señor los bendiga abundantemente para ser fieles a la vocación a la que han sido llamados; les prometemos tenerlos presentes en nuestra oración; y les agradecemos por su testimonio y los momentos compartidos.

Visita de Mons. Alberto Sanguinetti.


El pasado martes 27 de abril nos visitó, a un mes y siete días de haber asumido la diócesis de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti.
Compartió con nosotros la Eucaristía y la cena. Además, tuvo una charla personal con cada uno de los seminaristas de su diócesis.