De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

martes, 9 de noviembre de 2010

Homilía de Mons. Nicolás Cotugno en la ordenación diaconal de Sebastián Pinazzo.

Homilía de Mons. Nicolás Cotugno en la ordenación diaconal de Sebastián Pinazzo

“144 mil”...para decir “todos”. Fuente: "Entre Todos".




Demos gracias a Dios que nos regala en Juan Sebastián, un diácono en camino al sacerdocio. Y le damos gracias en este día en que celebramos lo que estamos llamados a ser, habiendo empezado a serlo...¡Santos! ¡Todos, sin ninguna excepción!
* Ahí está el hermosísimo panorama que nos presenta el libro del Apocalipsis, que como saben, es el libro de la Revelación, de la manifestación de las últimas cosas. Que con ese lenguaje un poco extraño, nos
quiere decir que todos estamos llamados a ser salvados y a vivir glorificando a Dios en el reino de los Cielos.
144 mil...¡para decir todos! ¡Todos los seres humanos llamados a ser salvados!
* La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero. Ahí está Jesús, como el Cordero que inmolado y glorificado, es el Camino que nos lleva al Amor a través de la Verdad. Y el Amor es
Dios. Todos, como nos dice San Juan en la segunda lectura que hemos escuchado:
“Miren cómo nos amó el Padre.
Quiso que nos llamáramos hijos de Dios y nosotros lo somos realmente”.
* En estos días he tenido la gracia de ser instrumento de la llegada del Espíritu Santo para 250 jóvenes.
El viernes, en la Zona 1 confirmé a 90 jóvenes en la parroquia Sagrado Corazón de los jesuitas; ayer otros 90 de la Zona 6 en la parroquia de Punta Carretas y otros 25 en el Líbano.
Y hoy el Espíritu Santo viene para llamar a Sebastián y decirle: “Yo te llamo para que conduzcas a tus hermanos a la gloria de la santidad”.
“Vas a ser servidor, servidor de la gloria de Dios a través de la vida santa de tus hermanos”, allí donde el Señor te envíe.

* Cómo no darle gracias entonces, antes que nada, por esta vocación que el Señor nos ha regalado.
De verdad somos hijos de Dios y todavía no se ha manifestado completamente lo que seremos, pero cuando
estemos en el Reino, a Dios lo veremos “cara a cara” y “seremos como Él”. El “verlo” quiere decir la posibilidad de entrar en esa comunión plena, total, con Él - el Padre- , que nos podrá abrazar verdaderamente por lo que somos en su Hijo Jesús: hijos infinitamente amados. ¡Qué hermosura poder decirnos: no es una ilusión que Dios nos ama, porque ya experimentamos ahora, en este mundo, este amor tan grande, tan maravilloso, de Dios!
* Sebastián querido: ¿para qué diácono? Para poder llegar a ser servidor de ese Dios Trinidad, que a
través de su Hijo Jesús se nos brinda, sobre todo en la Eucaristía, para ser ya ahora, una sola cosa con Él. Eso es la Iglesia. Eso es el pueblo de Dios. Y para poder llegar ahí nos indica el camino, el verdadero camino, que es el camino de la felicidad. ¡Felices...! ¡Felices...! ¡Felices...! ¿Quiénes?...
“¡Alégrense y regocíjense...!”
¡Santos!...


* El augurio para ti, querido Sebastián, de que en estos días que faltan para tu ordenación sacerdotal, el
Señor te conceda el don de gozar para ser servidor. Que te vaya formando Él, el servidor del Padre de toda
la humanidad, a servirnos proclamando la Palabra, partiendo, compartiendo, repartiendo el Pan de Vida en la Eucaristía, y también orientando por los caminos de Dios a aquellos que el Señor te confía, en la Iglesia, en esta Iglesia. Todo esto haciéndolo con ese espíritu de verdaderos servidores que nos hace realmente felices.
Sabiendo que Él es nuestro Maestro y nosotros somos sus discípulos y por ser discípulos de este Maestro somos como Él, enviados, misioneros, testigos. Sabemos que hoy no se nos cree por lo que decimos. ¡Apenitas, y cuando Dios toca el corazón, nos creen cuando vivimos de acuerdo a lo que decimos!
* Que tu servicio, entonces, desde hoy en adelante, por la Gracia del Espíritu, sea un servicio lleno de paz,
de serenidad, de alegría. ¡De esa felicidad que el Señor nos proclama hoy para ser santos!
* Y le pedimos a Aquella que es la Santa como nadie, esa Mujer, persona humana, María, la Madre de
Jesús, la Madre de Dios, la Madre nuestra, que nos ayude a ser como Ella...¡Servidora, servidores!
Y vivir con esa alegría en el corazón y en todo nuestro ser, proclamando la grandeza del Señor, porque
experimentamos en nosotros, día tras día, también a través de las dificultades, la felicidad de ser discípulos
del Señor. Y aún cuando el Señor permita que seamos perseguidos como Él fue perseguido, que nos dé el gozo interior de saber que es un regalo inmenso poder seguirlo también por el camino de la cruz y
Homilía de Mons. Nicolás Cotugno en la ordenación diaconal de Sebastián Pinazzo poder cantar y proclamar desde la experiencia de vida: “¡Mi alma canta dichosa, la grandeza del Señor!”...¡Y el resto que lo haga Dios!
* Me uno a tí, porque sé que tienes una inquietud, una preocupacíón en tu vida, la inquietud vocacional.
Entonces, me uno a ti, y a todos nuestros hermanos presbíteros, y diáconos, a todos los hermanos, los fieles laicos, pidiendo al Señor que nos siga entregando vocaciones a la vida de servicio, en el ministerio sacerdotal, en el ministerio diaconal, en el testimonio de la vida consagrada, para que todos juntos, como pueblo de Dios, seamos el resplandor de esa Luz que brilla en el Reino y que es el signo de la presencia de Dios entre
nosotros.
* ¡Que podamos ser todos nosotros, ese pueblo de discípulos verdaderamente unidos al Señor, que hacen transparentar la Luz de Dios, la Verdad de Dios, el Amor de Dios! Y ser así, todos juntos, misioneros, testigos de la felicidad de seguir a Dios, porque ya ahora somos hijos de Dios, santos, llamados a ser plena y
eternamente santos, para cantar la gloria del Señor ahora y siempre.
¡Que así sea!



Esta homilía fue desgrabada por la Redacción de "Entre Todos" y transcripta con la debida sintaxis procurando reflejar las pausas y los énfasis puestos por nuestro Pastor en sus palabras.

Las imágenes también son de "Entre Todos".

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