De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

jueves, 13 de mayo de 2010

Reflexión llegando al cierre del Año Sacerdotal.


Los seminaristas, al igual que toda la Iglesia, hemos vivido este año sacerdotal con la consigna que nos dio el Papa BenedictoXVI: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote"; y teniendo como modelo preclaro a San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars.
Somos conscientes de que día a día hemos de cuidar y crecer en la fidelidad a partir de un encuentro vivencial con Jesucristo. De nuestra fidelidad a Jesucristo depende la credibilidad del testimonio y ,en definitiva, la eficacia de la misión que se nos encomienda.
Hemos vivido un año de oración pidiendo la gracia de la fidelidad para nuestros sacerdotes. Para eso, semana a semana, durante todo el año, nos hicimos responsables de rezar por uno determinado, cuyo nombre extraíamos de un pequeño cofre al pie del altar de nuestra capilla.

Con toda la Iglesia sufrimos la triste situación de tantos sacerdotes que han fallado en los compromisos asumidos el día de su ordenación; pero al mismo tiempo, no dejamos de ver a nuestro lado a muchísimos sacerdotes, que enfrentan situaciones difíciles pero que responden con generosidad, sacrificio y renuncias, al llamado del Señor.
Cuántos son ejemplo para nosotros, por su fidelidad en el ministerio, en su vida de oración, en la búsqueda de la santidad y la entrega total a Dios, al servicio de los hermanos y hermanas, gastando sus energías y su vida con mucho amor. Ése es el testimonio que necesita nuestro mundo, nuestra Iglesia y nosotros, los seminaristas.
Solamente necesitamos el testimonio de un sacerdocio bien vivido que ennoblezca a la Iglesia, suscite la admiración del Pueblo de Dios, sea fuente de bendición para todos y se constituya en una elocuente invitación, para que oros muchos jóvenes de todas nuestras diócesis del Uruguay, respondan el llamado del Señor y vengan a compartir nuestra vida en nuestro Seminario Mayor Interdiocesano.


Un colaborador.

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